lunes, diciembre 11, 2006

Milagro Navideño

Para quienes no profesamos activamente la fe Cristiana las fiestas navideñas suelen representar una etapa del año en que vemos a todos anhelar convertirse en personas tan bonachones como Santa Claus. Dádivas por doquier es la regla a estas alturas del año.

Hace unos días mi carísima amiga Vicky me hizo recordar a la China Tudela cuando me preguntó si quería ir a visitar a un pueblo joven para llevar regalos. Es en este contexto de escepticismo laico que le respondí con un rotundo NO. Pero no es que no me haya agradado la idea si no que no me entusiasma ser buena gente particularmente los fines de diciembre. Cualquier otro mes le habría dado más crédito a esa pregunta y respondido presto al llamado.

Luego me di cuenta que la cosa era en serio (debo reconocer que al inicio pensé que era una de esas preguntas como qué harías si te ganas la tinka) al ver que esta idea partía también de dos amigos que parecían conocer más la pobreza que mi amiga Vicky: Carlos y Rodrigo. Al menos me consta de su empatía con comunidades lejanas de Miraflores. Con el transcurrir de los días fui testigo del crecimiento de este entusiasta grupo que espontáneamente fueron planeando la visita a algún lugar necesitado. Finalmente escogieron Las Lomas a sugerencia de Yamilé, la adelantada del grupo.



Llegado el día, los pobladores del lugar habían estado también trabajando en la recepción de este grupo de profesionales de salud que por la gracia de Dios querían voluntariamente ofrecer su fin de semana al servicio de sus niños. Y también por gracia divina estuve ahí con ellos atestiguando que su fe mueve montañas o más precisamente sube los cerros de Huampaní.

Hubo bastante demanda en las consultas médicas. Pero sobretodo mucha alegría por parte de los niños que esperaban los regalos que habíamos llevado para compartir con ellos.

Esas sonrisas valen la pena todo esfuerzo.

En lo personal el momento más emotivo fue la última paciente que vi. Una abuelita acompañada de su nieta recientemente endosada por algún hijo para su cuidado. Ella sabía lo que tenía, sabía lo que necesitaba para cuidar su salud y también sabía que yo no lo podría ayudar más allá de simplemente escucharla. Y talvez era eso lo que buscaba. Decirle a alguien que no tenía dinero para sus medicamentos, para sus controles médicos, para los alimentos de aquella niña, que sus hijos la ignoran económicamente, que su esposo perdió algún trabajo eventual. Talvez necesitaba llorar (como casi todos los días) con alguien que la entienda. Su nieta la ve llorar con curiosidad y en su inocencia no llega a entender si es por algún dolor físico o del alma.


(Fotografías gracias a Carlos Anton)

No hay comentarios.: