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miércoles, febrero 06, 2008

Máximo es lo Máximo!

Estuvo injustamente en la cama de un hospital por años. Tuvo la mala suerte de quedar parapléjico luego de un accidente que lo llevó a quedar en abandono social porque nadie quería ayudarlo (incluido enamorada, amigos, familiares, etc.)

Hace poco me llamó por teléfono. Era el hombre más feliz de la tierra porque ahora ya no está en un hospital. Esta en una casa de un amigo generoso.

Por sus ánimos de seguir la vida con entusiasmo a pesar de las duras pruebas que ha tenido que pasar creo que es un gran ejemplo de vida. Máximo es lo Máximo!

lunes, diciembre 24, 2007

Ayudemos a Max

Queridos amigos:

Quiero apelar a la solidaridad de cada uno de ustedes para apoyar a un amigo shipibo que ha tenido la desdicha de sufrir un accidente de tránsito en Pucallpa (lamentablemente fue el mismo accidente que tuvo un desenlace fatal para Metsa Wesna). Su nombre es Máx Silva Sánchez y tiene 27 años de edad. Lo conocí en Junio de este año junto a otros entusiastas y progresistas amigos shipibos. Actualmente cursa el octavo ciclo de derecho en la Universidad Nacional de Ucayali. Producto del accidente tiene el miembro inferior izquierdo fracturado que requiere una segunda intervención quirúrgica. Su niña, de un año y siete meses, tiene fractura de pelvis y del miembro inferior derecho y pelvis y su niño, de tres años de edad, tiene traumatismo encéfalo-craneano grave que requirió su traslado al Instituto de Salud del Niño en Lima para una intervención quirúrgica.

Sus amigos de Pucallpa han abierto una cuenta en un banco (SCOTIABANK: 765-0075950 ) para recibir donaciones de las personas que quieran solidarizarse con él.


Por favor, si conoces gente que creas que pueda interesarse en su caso envíale este mensaje de solidaridad.

Muchas gracias

Isaac Alva

miércoles, septiembre 05, 2007

Jeiser


















(Fotografias gracias a Emily Firman)

lunes, diciembre 11, 2006

Milagro Navideño

Para quienes no profesamos activamente la fe Cristiana las fiestas navideñas suelen representar una etapa del año en que vemos a todos anhelar convertirse en personas tan bonachones como Santa Claus. Dádivas por doquier es la regla a estas alturas del año.

Hace unos días mi carísima amiga Vicky me hizo recordar a la China Tudela cuando me preguntó si quería ir a visitar a un pueblo joven para llevar regalos. Es en este contexto de escepticismo laico que le respondí con un rotundo NO. Pero no es que no me haya agradado la idea si no que no me entusiasma ser buena gente particularmente los fines de diciembre. Cualquier otro mes le habría dado más crédito a esa pregunta y respondido presto al llamado.

Luego me di cuenta que la cosa era en serio (debo reconocer que al inicio pensé que era una de esas preguntas como qué harías si te ganas la tinka) al ver que esta idea partía también de dos amigos que parecían conocer más la pobreza que mi amiga Vicky: Carlos y Rodrigo. Al menos me consta de su empatía con comunidades lejanas de Miraflores. Con el transcurrir de los días fui testigo del crecimiento de este entusiasta grupo que espontáneamente fueron planeando la visita a algún lugar necesitado. Finalmente escogieron Las Lomas a sugerencia de Yamilé, la adelantada del grupo.



Llegado el día, los pobladores del lugar habían estado también trabajando en la recepción de este grupo de profesionales de salud que por la gracia de Dios querían voluntariamente ofrecer su fin de semana al servicio de sus niños. Y también por gracia divina estuve ahí con ellos atestiguando que su fe mueve montañas o más precisamente sube los cerros de Huampaní.

Hubo bastante demanda en las consultas médicas. Pero sobretodo mucha alegría por parte de los niños que esperaban los regalos que habíamos llevado para compartir con ellos.

Esas sonrisas valen la pena todo esfuerzo.

En lo personal el momento más emotivo fue la última paciente que vi. Una abuelita acompañada de su nieta recientemente endosada por algún hijo para su cuidado. Ella sabía lo que tenía, sabía lo que necesitaba para cuidar su salud y también sabía que yo no lo podría ayudar más allá de simplemente escucharla. Y talvez era eso lo que buscaba. Decirle a alguien que no tenía dinero para sus medicamentos, para sus controles médicos, para los alimentos de aquella niña, que sus hijos la ignoran económicamente, que su esposo perdió algún trabajo eventual. Talvez necesitaba llorar (como casi todos los días) con alguien que la entienda. Su nieta la ve llorar con curiosidad y en su inocencia no llega a entender si es por algún dolor físico o del alma.


(Fotografías gracias a Carlos Anton)

martes, octubre 31, 2006

Maestro Zelada


Hoy los peruanos nos encontramos henchidos de orgullo de nuestra música criolla.

Personalmente prefiero celebrar, guitarra y charango en mano, la inmensa variedad de géneros musicales peruanos durante muchos días al año (pandillas puneñas, huaynos ayacuchanos, mulizas huancaínas, marineras norteñas, etc) con interés que va mas allá de lo oportunista y mercantil que resulta acordarse en una sola noche de los cultivadores de nuestra música. Y a veces hasta en eso erramos. Lo primero que pensamos en días como estos es en Eva Ayllón que, con todo el respeto a su trayectoria musical, no representa necesariamente el amplio espectro de artistas que han entregado su vida a rescatar y crear nuestra música. En estos días, por ejemplo, lejos de nuestra tierra Susana Baca continúa su exitosa gira internacional y en nuestra Lima criolla pocos la recuerdan. Lo mismo sucede con la música andina. Pensamos que nuestra música andina empieza en Dina Páucar y termina en William Luna. Tremenda injusticia.

Considero que días de homenajes creados por decretos como Día de la Canción Andina el 15 de junio y Día de la Canción Criolla (o Peruana) el 31 de Octubre siempre serán poco homenaje a nuestros artistas en la medida que no los reconozcamos adecuada y oportunamente.

Para la mayoría de limeños hoy, aparte de Halloween, es el Día de la Canción Criolla y es una buena oportunidad para rememorar al único músico criollo que he conocido. Me refiero al Adolfo Zelada Arteaga conocido por sus discípulos como el “maestro Zelada”. Y es en la tarea de ser un aprendiz de su arte para tocar la guitarra que lo conocí. Lo primero que tengo que decir es que en medio de mi avidez por aprender a leer música consideré, en primera instancia, al maestro Zelada como alguien de quien no aprendería mucho. Me equivoqué y en gran escala.

En realidad no sabía quién era y qué representaba para la música criolla de la guardia vieja. Lo conocí después de tomar clases de lectura musical con Edgar Espinoza en la UPCH. Y, como era de esperar, me sorprendió el cambio de método de enseñanza.

Tocaba magistralmente, hacia arreglos musicales, y después de unos minutos me pedía que yo hiciera lo mismo. Obviamente siempre necesitaba que lo repitiera por enésima vez antes de captar el truco. Pero el truco consistía en la forma cómo interpretaba en el quiebre preciso, en el retoque y repique. Es decir, vivir sentir e interpretar el criollismo.

Luego, en las siguientes clases cuando teníamos que repasar lo aprendido comenzaba a tocar una segunda melodía complementaria a la primera o una variante cada vez más criolla que la primera. Daba por asumido que ya aprendí la lección anterior. Y cuando le pedía que lo repitiera me decía que también lo había olvidado. Y al tratar de recordar aparecía una mejor versión o alguna versión que recordaba de hace mucho tiempo cuando tocaba con Chabuca Granda.

El maestro Zelada ha tocado en 1978 durante una temporada de 6 meses con Chabuca Granda, Pititi (cajón) y Alvaro Lagos (Guitarra) en el parque del centro habitacional “La Aldea” entre las avenidas Benavides y Larco.

También ha tocado, entre otros, con Manuel Acosta Ojeda quien al referirse al maestro Zelada dijo alguna vez: Mis valses criollos los enriquece la primera guitarra de Adolfo Zelada Arteaga, que junto a Oscar Avilés Arcos, es el único de los grandes guitarristas que conservan el sabor antiguo.

Al final olvidé mi ansiedad por esperar una partitura del maestro, que ya bordeaba los 80 años, para contemplar y oír su maestría en la ejecución de la guitarra criolla. Muy pronto supe que era parte de la historia viva de nuestra música afroperuana y que era muy considerado en la Escuela Nacional de Folklore. Entre otras agrupaciones ha formado parte de Perú Negro y es considerado como uno de los mejores guitarristas criollos del Siglo XX en nuestro país.

El año pasado el CEMDUC de la PUCP le rindió un homenaje merecido al maestro, algo que no hicimos en la UPCH cuando era nuestro profesor. Lo mismo sucedió cuando Eusebio «Pititi» Sirio era nuestro maestro de cajón peruano.

Desde esta tribuna mi homenaje al maestro Zelada y muchos otros olvidados.




(Fotografía gracias a Tine Verdonck)