Inambari o el síndrome Camisea
En un taller de expertos realizado en el Congreso de la República y organizado por el grupo parlamentario “Bloque Popular” el 19 de este mes para analizar el Convenio de Integración Energética entre el Perú y Brasil próximo a suscribirse prácticamente entre gallos y medianoche todos, excepto el Ing. José Koc Rueda, asesor del viceministro de energía y Minas, calificaron al citado convenio de absurdo, asimétrico y negociado bajo la mesa.
Para el Ing. Carlos Herrera Descalzi, ex ministro de energía y Minas y ex decano del Colegio de Ingenieros del Perú y uno de los mayores expertos peruanos en el tema energético, los precios que el Perú ofrece por su energía al Brasil son infames en un proyecto “donde el Perú se juega su destino” y compara el acuerdo suscrito entre Brasil y Paraguay por Itaipú. “Me asusta que esto pase con este acuerdo entre Perú y Brasil”, dice el destacado especialista.
El citado acuerdo de Integración Energética Perú-Brasil implicará la explotación de hasta 20,000 MW (megavatios) -equivalente al 35 por ciento de nuestro potencial hidroeléctrico total que se estima en 58,000 MW- con la construcción de las centrales de Inambari, Paquitzapango, Mainiqui, Tambo 40 y Tambo 60, todas en la Amazonía.
De todo el potencial existente se ha aprovechado a la fecha 3,000 MW y la demanda actual del país es del orden de 4,500 MW. Pero el Ing. Teófilo casas Rivas, otro de los expositores en el taller, advierte que la magnitud del potencial hidroeléctrico del país aparentemente es enorme y podría estar repitiéndose el síndrome de Camisea, que sectores interesados decían que contenía reservas de gas que cubrirían la demanda interna por más de 50 años y sólo en 6 años de operación ya tenemos una demanda interna insatisfecha.
Para los expertos, este megaproyecto casi secreto con Brasil es inaceptable para los intereses nacionales, técnica y económicamente. Para Ruth Buendía Mestoquiari, presente en el taller, presidenta de la Central Asháninka del Río Ene y para la Federación de Comunidades Nativas del Río Madre de Dios y Afluentes (FENAMAD), los pueblos indígenas tienen que ser consultados.
Pero como en los mitos indígenas, las piedras pueden convertirse en multitudes humanas para exigir que no se consuma este nuevo acto de entreguismo del patrimonio de todos los peruanos.
Bitácora personal de Isaac Alva. En esta bitácora respeto los derechos de propiedad de los contenidos audiovisuales (fotografías, videos y/o audios). La fuente está siempre explícitamente citada al final de cada nota.
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jueves, febrero 25, 2010
lunes, febrero 15, 2010
Roger Rumrrill: Mirando el infierno desde el cielo
Mirando el infierno desde el cielo
Diez minutos antes de aterrizar en el aeropuerto “Padre Aldamiz” de Puerto Maldonado, en Madre de Dios, hace poco he visto el infierno desde el cielo: miles de hectáreas del bosque primario, aguas limpias de arroyos y lagos y toda la maravillosa vida de la naturaleza convertida en una masa oscura, gelatinosa y muerta por la minería aurífera.
Este infierno de destrucción de la naturaleza tiene una extensión de 10 mil kilómetros en los lugares conocidos como “Delta” y “Huacamayo”, el doble de la superficie arrasada por la minería aurífera en Huaypetue. Sólo que el infierno de “Delta” y “Huacamayo” se ha producido en dos años y Huaypetue en 20 años. Varias causas explican esta velocidad con que ahora muere la naturaleza y los pobres, hombres y mujeres, son triturados por esta maquinaria de destrucción: el precio del oro a 1200 dólares la onza, los miles de pobres que bajan de los Andes en pos de la quimera del oro; un Estado ineficiente e incapaz de regular la actividad, la corrupción y una política gubernamental que ha puesto todos los huevos en la canasta de la minería.
Pero Madre de Dios no es el único lugar de la Amazonía amenazado por las actividades extractivas, frecuentemente irracionales y depredadoras y donde los gobiernos locales, regionales y el Estado central no ejercen ningún control y no sólo están pintados en la pared, sino que frecuentemente son cómplices y promotores de la depredación, contaminación y destrucción de la naturaleza.
Los ejemplos están a la vista. En San Martín, Dionisio Romero, “el nuevo Arana de la Amazonía” sigue talando bosques primarios desacatando una orden del Estado. En Iquitos, 300 toneladas de excrementos son arrojados cada día al río Amazonas porque ni el gobierno municipal ni regional han sido capaces de instalar plantas de tratamiento para las aguas servidas.
Y como si este infierno no estaría poniendo en peligro la mayor riqueza del Perú en la economía global del siglo XXI, la Amazonía, Daniel Saba, el presidente de Perúpetro ha anunciado exultante que en abril próximo se reiniciará la subasta petrolera y gasífera de la Amazonía.
Tenía toda la razón del mundo el que dijo que el hombre es la única especie del planeta que corta la rama del árbol donde vive.
Diez minutos antes de aterrizar en el aeropuerto “Padre Aldamiz” de Puerto Maldonado, en Madre de Dios, hace poco he visto el infierno desde el cielo: miles de hectáreas del bosque primario, aguas limpias de arroyos y lagos y toda la maravillosa vida de la naturaleza convertida en una masa oscura, gelatinosa y muerta por la minería aurífera.
Este infierno de destrucción de la naturaleza tiene una extensión de 10 mil kilómetros en los lugares conocidos como “Delta” y “Huacamayo”, el doble de la superficie arrasada por la minería aurífera en Huaypetue. Sólo que el infierno de “Delta” y “Huacamayo” se ha producido en dos años y Huaypetue en 20 años. Varias causas explican esta velocidad con que ahora muere la naturaleza y los pobres, hombres y mujeres, son triturados por esta maquinaria de destrucción: el precio del oro a 1200 dólares la onza, los miles de pobres que bajan de los Andes en pos de la quimera del oro; un Estado ineficiente e incapaz de regular la actividad, la corrupción y una política gubernamental que ha puesto todos los huevos en la canasta de la minería.
Pero Madre de Dios no es el único lugar de la Amazonía amenazado por las actividades extractivas, frecuentemente irracionales y depredadoras y donde los gobiernos locales, regionales y el Estado central no ejercen ningún control y no sólo están pintados en la pared, sino que frecuentemente son cómplices y promotores de la depredación, contaminación y destrucción de la naturaleza.
Los ejemplos están a la vista. En San Martín, Dionisio Romero, “el nuevo Arana de la Amazonía” sigue talando bosques primarios desacatando una orden del Estado. En Iquitos, 300 toneladas de excrementos son arrojados cada día al río Amazonas porque ni el gobierno municipal ni regional han sido capaces de instalar plantas de tratamiento para las aguas servidas.
Y como si este infierno no estaría poniendo en peligro la mayor riqueza del Perú en la economía global del siglo XXI, la Amazonía, Daniel Saba, el presidente de Perúpetro ha anunciado exultante que en abril próximo se reiniciará la subasta petrolera y gasífera de la Amazonía.
Tenía toda la razón del mundo el que dijo que el hombre es la única especie del planeta que corta la rama del árbol donde vive.
lunes, febrero 08, 2010
Roger Rumrrill: “Avatar” en la Cordillera del Cóndor
“Avatar” en la Cordillera del Cóndor
A Ud. estimado lector le parecerá increíble que el más oficioso abogado de las empresas de minería aurífera que amenazan los frágiles ecosistemas de la Cordillera del Cóndor y ponen en riesgo la supervivencia de los indígenas Awajúm y Wampis que viven en ese estratégico espacio es el ministerio de Relaciones Exteriores.
Para asombrarse, encolerizarse o matarse de la risa lea lo que dice un informe de Relaciones Exteriores fechado el 18 de enero de 2006 oponiéndose a la creación del Parque Nacional “Ichigkat Muja” de acuerdo a la propuesta del Instituto Nacional de Recursos Naturales (Inrena) y en clara defensa de los intereses de la minera “Afrodita” y otras empresas.
“De aprobarse la propuesta del Inrena se estaría impidiendo el futuro desarrollo minero (y eventualmente el forestal) de nuestro territorio, mientras que ello es permitido y apoyado por las autoridades ecuatorianas en dicha zona limítrofe. En este sentido, la categorización del Parque Nacional conllevaría en el Perú las consecuentes restricciones a la actividad económica que no corresponden a las características observadas por el lado ecuatoriano, donde por la intensidad de la actividad minera y las técnicas empleadas para la extracción de oro (socavones) eventualmente podrían conducir a la explotación indebida de los recursos de nuestro lado de la frontera. Esto pondría a nuestro país en situación de desventaja frente a la actividad minera que viene fomentándose en territorio ecuatoriano adyacente al área del proyecto nacional”.
Gracias a este padrinazgo y otros que medran en las cumbres del poder, la Cordillera del Cóndor, donde nacen los principales ríos de la cuenca del Marañón, está siendo invadida y lotizada por decenas y centenares de cuadrículas mineras que se extienden por los territorios indígenas titulados y a menos de 50 kilómetros de la frontera con Ecuador.
Lo que en “Avatar”, la ahora célebre película de James Cameron es ciencia ficción, en el Perú del año 2010 y en la Cordillera del Cóndor, es la mismísima realidad.
Como los “Na’vi” en “Avatar”, miles de indígenas Awajúm y Wampis se preparan a resistir la arremetida de los invasores e impedir que sus aguas y sus bosques se conviertan en el excremento del diablo.
A Ud. estimado lector le parecerá increíble que el más oficioso abogado de las empresas de minería aurífera que amenazan los frágiles ecosistemas de la Cordillera del Cóndor y ponen en riesgo la supervivencia de los indígenas Awajúm y Wampis que viven en ese estratégico espacio es el ministerio de Relaciones Exteriores.
Para asombrarse, encolerizarse o matarse de la risa lea lo que dice un informe de Relaciones Exteriores fechado el 18 de enero de 2006 oponiéndose a la creación del Parque Nacional “Ichigkat Muja” de acuerdo a la propuesta del Instituto Nacional de Recursos Naturales (Inrena) y en clara defensa de los intereses de la minera “Afrodita” y otras empresas.
“De aprobarse la propuesta del Inrena se estaría impidiendo el futuro desarrollo minero (y eventualmente el forestal) de nuestro territorio, mientras que ello es permitido y apoyado por las autoridades ecuatorianas en dicha zona limítrofe. En este sentido, la categorización del Parque Nacional conllevaría en el Perú las consecuentes restricciones a la actividad económica que no corresponden a las características observadas por el lado ecuatoriano, donde por la intensidad de la actividad minera y las técnicas empleadas para la extracción de oro (socavones) eventualmente podrían conducir a la explotación indebida de los recursos de nuestro lado de la frontera. Esto pondría a nuestro país en situación de desventaja frente a la actividad minera que viene fomentándose en territorio ecuatoriano adyacente al área del proyecto nacional”.
Gracias a este padrinazgo y otros que medran en las cumbres del poder, la Cordillera del Cóndor, donde nacen los principales ríos de la cuenca del Marañón, está siendo invadida y lotizada por decenas y centenares de cuadrículas mineras que se extienden por los territorios indígenas titulados y a menos de 50 kilómetros de la frontera con Ecuador.
Lo que en “Avatar”, la ahora célebre película de James Cameron es ciencia ficción, en el Perú del año 2010 y en la Cordillera del Cóndor, es la mismísima realidad.
Como los “Na’vi” en “Avatar”, miles de indígenas Awajúm y Wampis se preparan a resistir la arremetida de los invasores e impedir que sus aguas y sus bosques se conviertan en el excremento del diablo.
martes, febrero 02, 2010
Roger Rumrrill: Drogas o el fracaso de la militarización
Drogas o el fracaso de la militarización
Estábamos en México y más precisamente en Tijuana cuando el recién estrenado presidente Felipe Calderón Hinojosa dispuso el 11 de diciembre de 2006 que 6500 soldados ocuparan la ciudad de Michoacán, sede de uno de los mayores cárteles de la droga, dando inicio a una estrategia de militarización del combate contra las drogas que ha movilizado a más de 45 mil efectivos militares, además de miles de policías federales.
Aún recuerdo los cinematográficos patrullajes y retenes en las calles de Tijuana que siguen provocando inmensos embotellamientos en el tráfico y convierte en un vía crucis el cruce de la línea fronteriza con dirección a San Diego y otras ciudades californianas.
La decisión de Felipe Calderón, que ahora se sabe fue con fines políticos para ganar legitimidad luego de su dudoso triunfo electoral, fue aplaudida por los “halcones”, por buena parte de la opinión pública y por los presidentes George W. Bush y Barack Obama . Siendo México la principal ruta de las drogas hacia el mercado estadounidense, además de ser uno de los mayores productores mundiales de metanfetaminas e importante productor de marihuana y amapola y con altas tasas de corrupción y violencia, se pensaba que la vía militar era la solución. Sólo algunos expertos pusieron en duda esta opción militar.
Jorge Castañeda, ex Canciller de México y profesor de la Universidad de Nueva York acaba de publicar un balance descarnado (“Guerra al narcotráfico”, El País 21/1/2010) donde arroja por los suelos las ilusiones de la solución militar: todas las estadísticas señalan que las ejecuciones se han duplicado, así como la corrupción y la violencia y se han incrementado las violaciones de los derechos humanos, de acuerdo a Human Rights Watch.
En el Perú, cada día crece la tendencia de militarizar la lucha contra el narcotráfico. El Plan VRAE revela esta estrategia militarista del gobierno. Y esta militarización ya muestra sus horribles consecuencias: el 28 de enero pasado lincharon cerca a Pichari a un Fiscal Antidrogas y en Lima los sicarios, al mejor estilo mexicano y Colombiano, reparten tarjetas ofreciendo sus servicios, de acuerdo a la jueza Antonia Saquicuray.
El régimen aprista debe saber que guerra avisada al narcotráfico sí mata gente.
Estábamos en México y más precisamente en Tijuana cuando el recién estrenado presidente Felipe Calderón Hinojosa dispuso el 11 de diciembre de 2006 que 6500 soldados ocuparan la ciudad de Michoacán, sede de uno de los mayores cárteles de la droga, dando inicio a una estrategia de militarización del combate contra las drogas que ha movilizado a más de 45 mil efectivos militares, además de miles de policías federales.
Aún recuerdo los cinematográficos patrullajes y retenes en las calles de Tijuana que siguen provocando inmensos embotellamientos en el tráfico y convierte en un vía crucis el cruce de la línea fronteriza con dirección a San Diego y otras ciudades californianas.
La decisión de Felipe Calderón, que ahora se sabe fue con fines políticos para ganar legitimidad luego de su dudoso triunfo electoral, fue aplaudida por los “halcones”, por buena parte de la opinión pública y por los presidentes George W. Bush y Barack Obama . Siendo México la principal ruta de las drogas hacia el mercado estadounidense, además de ser uno de los mayores productores mundiales de metanfetaminas e importante productor de marihuana y amapola y con altas tasas de corrupción y violencia, se pensaba que la vía militar era la solución. Sólo algunos expertos pusieron en duda esta opción militar.
Jorge Castañeda, ex Canciller de México y profesor de la Universidad de Nueva York acaba de publicar un balance descarnado (“Guerra al narcotráfico”, El País 21/1/2010) donde arroja por los suelos las ilusiones de la solución militar: todas las estadísticas señalan que las ejecuciones se han duplicado, así como la corrupción y la violencia y se han incrementado las violaciones de los derechos humanos, de acuerdo a Human Rights Watch.
En el Perú, cada día crece la tendencia de militarizar la lucha contra el narcotráfico. El Plan VRAE revela esta estrategia militarista del gobierno. Y esta militarización ya muestra sus horribles consecuencias: el 28 de enero pasado lincharon cerca a Pichari a un Fiscal Antidrogas y en Lima los sicarios, al mejor estilo mexicano y Colombiano, reparten tarjetas ofreciendo sus servicios, de acuerdo a la jueza Antonia Saquicuray.
El régimen aprista debe saber que guerra avisada al narcotráfico sí mata gente.
martes, diciembre 29, 2009
Roger Rumrrill: La década de la nada
La prensa europea y en especial la española empieza a especular y preguntarse qué nombre darle a la esta primera década del Tercer Milenio que amaneció con la dantesca pesadilla de la explosión de las Torres Gemelas de Nueva York, que cobró la vida de miles de estadounidenses y marcó la memoria colectiva de este país, y está culminando con la estrella de Barack Obama que había despertado tantas ilusiones durante las pasadas elecciones, y que ahora se apaga con el fracaso de la Cumbre Climática de Copenhague, donde las grandes potencias no apostaron por una propuesta clara y firme para buscar reducir los efectos del cambio climàtico, y los estruendos de la guerra y los estertores de la muerte en Irak y Afganistán, países que viven desde hace varios años bajo el peso de la ocupación militar.
El periodista Jordi Costa piensa que la década del 2000 al 2009 debería ser denominada la década de la nada. La periodista Patricia Godes sugiere que el nombre de la década debería ser idiocracia, porque pocas veces en la historia de la humanidad los gobernantes que han decidido nuestros destinos han sido tan poco o nada representativos de los valores cívicos, morales, de la inteligencia y la cultura de las naciones.
Para Costa, esta es una década sin fundamento, sin protección, sin pudor, sin dogmas, sin sentido, sin identidad, sin alegría, sin criterio y sin patriarcado. El fin del patriarcado, según Godes, sería el amanecer de un nuevo milenio bautizado como Eveolennium, es decir el milenio de Eva. Estas características de la década ya habían sido anticipadas por el escritor austríaco Peter Drucker cuando dijo que la sociedad humana ahora está gobernada no por la democracia sino por la telecracia y también por el relativismo postmoderno del filósofo francés Jean- Francois Lyotard.
La década en el Perú se inauguró con la caída de la cleptocracia fujimontesinista que abrió las puertas para una verdadera y transparente refundación del Estado peruano. En vez de eso, los peruanos tuvimos que conformarnos con el gobierno de Alejandro Toledo y su medianía.
La década está concluyendo con el gobierno del partido aprista peruano, representado por el Dr. Alan García Pérez. El Perú de hoy y del futuro lo recordará como el político de las promesas incumplidas y traicionadas. El presidente que es el arquetipo del atavismo nacional: todo empieza y nada termina.
sábado, diciembre 26, 2009
Rumrrill: Exoneraciones o el garrote para la Amazonía
Lima, 05 de Octubre del 2009
Con la Amazonía, el gobierno del Dr.Alan García Pérez utiliza la misma política del “garrote y la zanahoria” que sigue usando Washington cada vez que sus intereses económicos y geoestratégicos son amenazados en América Latina.
El ultraliberal ministro de Economía y Finanzas, Luis Carranza Ugarte, acaba de anunciar su decisión de luchar y oponerse frontalmente-cual cruzado del FMI- a la restitución de las exoneraciones tributarias en la Amazonía aprobadas en el Congreso de la República.
Pero Carranza no dice que las exoneraciones amazónicas sólo representan el 35 por ciento del total nacional, es decir, 1461 millones de soles. Al 65 por ciento restante, el guardián del santo sanctorum neoliberal que se cae a pedazos en todo el mundo no le toca ni con el pétalo de una rosa. Estos intocables son las voraces multinacionales petroleras y mineras exoneradas bajo el paraguas jurídico de la estabilidad tributaria por la corrupta dictadura fijimontesinista y cuyas utilidades crecieron sólo desde el año 2006 entre el 50 al 60 por ciento.
Carranza es fiel y obsecuente en esta misión. En la llamada Carta de Intención entre el Estado peruano y el FMI, suscrito el 3 de enero del 2007, denominado “Memorando de Políticas Económicas y Financieras para el período 2007-2008”, en el numeral 6 el documento establece: “El gobierno está comprometido a ampliar la base tributaria mediante la reducción de exoneraciones”.
Los argumentos del ministro de Economía y Finanzas contra la restitución de las exoneraciones amazónicas contienen medidas verdades. Dice que las exoneraciones favorecen sobre todo a un pequeño grupo de comerciantes y promueve el contrabando. Pero lo que no dice es que corresponde al Estado evitar que los inescrupulosos y angurrientos hagan tabla rasa de la ley y tampoco es capaz de reconocer que el Estado no ha cumplido con su obligación de construir la infraestructura que la Amazonía necesita.
Carranza tampoco explica que las exoneraciones tributarias son sólo herramientas de una política económica y de desarrollo que el aprismo no tiene para la Amazonía y que estos instrumentos son la expresión de un cortoplacismo que obnubila al régimen del Dr. García, a los dirigentes de las Cámaras de Comercio y a los presidentes de las Regiones Amazónicas.
Políticamente, esta disputa por las exoneraciones tributarias divide y debilita a la Amazonía. El gran capital multinacional y el filósofo del “perro del hortelano” deben estar felices. La puerta de la Amazonía se está abriendo para que entren a saco partido. Sólo con la resistencia de los pueblos indígenas.
Con la Amazonía, el gobierno del Dr.Alan García Pérez utiliza la misma política del “garrote y la zanahoria” que sigue usando Washington cada vez que sus intereses económicos y geoestratégicos son amenazados en América Latina.
El ultraliberal ministro de Economía y Finanzas, Luis Carranza Ugarte, acaba de anunciar su decisión de luchar y oponerse frontalmente-cual cruzado del FMI- a la restitución de las exoneraciones tributarias en la Amazonía aprobadas en el Congreso de la República.
Pero Carranza no dice que las exoneraciones amazónicas sólo representan el 35 por ciento del total nacional, es decir, 1461 millones de soles. Al 65 por ciento restante, el guardián del santo sanctorum neoliberal que se cae a pedazos en todo el mundo no le toca ni con el pétalo de una rosa. Estos intocables son las voraces multinacionales petroleras y mineras exoneradas bajo el paraguas jurídico de la estabilidad tributaria por la corrupta dictadura fijimontesinista y cuyas utilidades crecieron sólo desde el año 2006 entre el 50 al 60 por ciento.
Carranza es fiel y obsecuente en esta misión. En la llamada Carta de Intención entre el Estado peruano y el FMI, suscrito el 3 de enero del 2007, denominado “Memorando de Políticas Económicas y Financieras para el período 2007-2008”, en el numeral 6 el documento establece: “El gobierno está comprometido a ampliar la base tributaria mediante la reducción de exoneraciones”.
Los argumentos del ministro de Economía y Finanzas contra la restitución de las exoneraciones amazónicas contienen medidas verdades. Dice que las exoneraciones favorecen sobre todo a un pequeño grupo de comerciantes y promueve el contrabando. Pero lo que no dice es que corresponde al Estado evitar que los inescrupulosos y angurrientos hagan tabla rasa de la ley y tampoco es capaz de reconocer que el Estado no ha cumplido con su obligación de construir la infraestructura que la Amazonía necesita.
Carranza tampoco explica que las exoneraciones tributarias son sólo herramientas de una política económica y de desarrollo que el aprismo no tiene para la Amazonía y que estos instrumentos son la expresión de un cortoplacismo que obnubila al régimen del Dr. García, a los dirigentes de las Cámaras de Comercio y a los presidentes de las Regiones Amazónicas.
Políticamente, esta disputa por las exoneraciones tributarias divide y debilita a la Amazonía. El gran capital multinacional y el filósofo del “perro del hortelano” deben estar felices. La puerta de la Amazonía se está abriendo para que entren a saco partido. Sólo con la resistencia de los pueblos indígenas.
lunes, noviembre 09, 2009
Roger Rumrrill: Los nuevos “Aranas” de la Amazonía
Julio César Arana del Águila, el llamado “barón del caucho”, fue posiblemente el hombre más rico y más poderoso de la Amazonía peruana a principios del siglo XX.
En el año 1926 recibió, de manos del dictador Augusto B. Leguía, el título de propiedad de un territorio de 5 millones 774 mil hectáreas en el Putumayo al amparo jurídico de la ley 1220 de Tierras de Montaña, especie de ley del “perro del hortelano” del presidente García porque ésta, igual que la norma leguiísta, en la teoría y la práctica consideran a la Amazonía como un espacio vacío y a los indígenas inexistentes e invisibles.
Nuevos “Aranas” son ahora dueños de grandes propiedades en la Amazonía. Uno de ellos es Dionisio Romero. Pero los actuales “Aranas”no sólo tienen las tierras, sino que concentran y controlan toda la cadena productiva siguiendo el ejemplo de los oligopolios mundiales del comercio agrario: Monsanto, Cargill, Bunge y Archer Daniel Midland Company.
En San Martín, por ejemplo, Romero domina el mercado de la palma aceitera, Gloria adquiere la mayor parte de la leche, los molinos se apoderan de todo el arroz, una sola empresa compra todo el café del Alto Mayo y otro monopolio tiene secuestrados a los productores de palmito
Y se proclaman modernos y globales. Pero pagan precios de hambre a los productores, sabotean la asociatividad e impiden desde el propio Estado que éste cumpla su rol. Estos nuevos “Aranas” parecen tan angurrientos y atrasados como el mismo “barón del caucho”.
lunes, octubre 26, 2009
Roger Rumrrill: La orden de disolver Aidesep
En una crónica que está circulando en la red, el notable antropólogo peruano Stéfano Varese, autor de La sal de los cerros. Resistencia y utopía en la Amazonía peruana (Lima, 2006, Fondo Editorial del Congreso del Perú), un estudio fundacional de la etnografía peruana, expresa su asombro de que cuarenta años después de la promulgación de la ley 20653, de Comunidades Nativas y Promoción Agropecuaria de la Selva, “una de las leyes más progresistas y avanzadas del continente”, el Perú del 2009 haya retrocedido tanto en la reivindicación, reconocimiento y justicia con los pueblos indígenas.
Cuando el destacado estudioso de las culturas indígenas del Perú y México exteriorizó su consternación sobre la situación dramática de los pueblos indígenas amazónicos aún la Procuradora Pública del Ministerio de Justicia, doctora Lourdes María del Carmen Rivera Santander Medina, no había recibido la orden de solicitar la disolución de la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (Aidesep) porque “esta organización viene infringiendo flagrantemente sus propios principios al venir realizando acciones que contravienen el orden público y el estado de derecho”.
Como Varese, la opinión pública nacional e internacional no encuentra explicación racional a este acoso y feroz ensañamiento del gobierno contra los pueblos indígenas amazónicos. Mi hipótesis, formulada desde que se inició esta especie de “correría” como la que efectuaban los caucheros contra los indígenas en la Amazonía, es que el doctor García no perdona y no perdonará nunca a los pueblos indígenas el descalabro político que le infligieron éstos en los meses de mayo y junio de este año.
Para eso, para cobrarse la venganza “ojo por ojo y diente por diente” el gobierno ha armado una maquinaria de guerra judicial, económica y política que funciona las 24 horas del día en todo el país. La orden que ha recibido la Procuradora Pública del Ministerio de Justicia para disolver Aidesep es apenas una de las acciones del aparato de demolición.
La otra es la denuncia formulada por un juez de Yurimaguas contra el apu Bladimiro Tapayuri Murayari, el coordinador de la mesa 2. Tapayuri es inflexible en la defensa de los derechos indígenas y esa actitud es intolerable para el gobierno. La maquinaria también está apuntando a Carlos Navas, alcalde de Imacita e influyente líder de la causa indígena. Sus 7 proyectos de obras con código SNIP han sido totalmente paralizados por Óscar Altamirano Quispe, el presidente regional de Amazonas.
Los apus saben que el gobierno irá hasta el final para disolver Aidesep. Pero saben también que nunca podrán disolver la unidad y la resistencia indígena que ha prevalecido a través de los siglos sobre todos sus opresores
viernes, octubre 16, 2009
Roger Rumrrill: Amo Amazonía
Mientras la Cámara de Comercio, Industria y Turismo y los Gobiernos Regionales de la Amazonía se enfrentan en una agria disputa que divide y fragmenta la institucionalidad y el tejido social de la región y el gobierno del Dr. Alan García Pérez pesca políticamente en este río revuelto con el anzuelo de las elecciones del 2011, en Lima se está desarrollando una muestra de arte y cultura amazónica titulada “Amo Amazonía” que revela una realidad que el exotismo, el tremendismo, los estereotipos y prejuicios del “perro del hortelano” impiden a millones de peruanos conocer, descubrir, admirar y amar.
La muestra, producto de la iniciativa de un puñado de personas e instituciones, constituye sin duda la mayor expresión de lo que hemos denominado la “renta estratégica del Perú” en el siglo XXI: arte, cultura, pensamiento y las potencialidades de una de las regiones megadiversas del planeta. Los limeños podrán ver cine, pintura y fotografía de los artistas amazónicos; asistir y participar en debates y conferencias sobre shamanismo, el capital genético del trópico, la utopía social en construcción por los pueblos indígenas y una diversidad de temas del desmesurado universo amazónico.
En un país hipercentralista donde Lima y su poder mediático, político y económico impone al resto del Perú su “perricholismo”, como decía Sebastián Salazar Bondy aludiendo a la moralina criolla, a la chismografía y a la huachafería limeña, ¿qué fenómeno ha hecho posible esta suerte de invasión amazónica de Lima?
Sólo un hecho lo explica. La rebelión indígena amazónica de mayo y junio que, lo hemos señalado reiteradamente, ha sido y sigue siendo un verdadero parteaguas en la historia política y social del país; la más poderosa inflexión cultural de las últimas décadas.
Uno de los impactos de esa rebelión y resistencia que no ha concluido aún fue desnudar y revelar la enorme fractura de un país multicultural y multilingüe, de múltiples identidades, pero con un Estado monocultural y homogeneizador; un Estado calcado de los viejos Estados europeos. Un Estado-Nación cuyo derecho positivo hace tabla rasa del derecho consuetudinario que ha sido y es la norma de vida de los pueblos andino-amazónicos.
“Amo Amazonía” nos convoca a deslumbrarnos con la Amazonía. Para repetir con el gran novelista Ciro Alegría que alguna vez en Iquitos dijo que la batalla final en la Amazonía será dada por la cultura.
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